Inteligencia Artificial Edición diaria
INTELIGENCIA ARTIFICIAL GOBIERNO DE IA
Washington se inclina por OpenAI, pero la sentencia aún no está escrita
El Gobierno de Estados Unidos ha pedido al tribunal que considere legítimo el uso de obras protegidas para entrenar grandes modelos de lenguaje. Es un respaldo político de enorme peso, pero no una victoria judicial ni una licencia universal para copiar sin límites.

El Gobierno estadounidense ha entrado formalmente en el litigio que enfrenta a The New York Times y otros editores con OpenAI y Microsoft. Lo ha hecho mediante un escrito presentado ante el tribunal federal de Manhattan en el que sostiene que el entrenamiento de grandes modelos de lenguaje es, en términos generales, una utilización extraordinariamente transformadora de las obras. La Administración añade una razón que cambia el tono de la discusión: restringir esa práctica, afirma, podría perjudicar el progreso científico, la prosperidad económica y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Conviene fijar desde el principio lo que ha ocurrido y lo que no. El Departamento de Justicia no ha dictado sentencia, ni puede hacerlo. Su escrito es una posición del Gobierno que el juez puede valorar, pero el caso sigue abierto y la decisión corresponde al tribunal. Tampoco resuelve de una vez toda la cadena del dato. Obtener una copia, almacenarla, usarla durante el entrenamiento y generar una salida que sustituya comercialmente al original son actos distintos. Una defensa sólida en una fase no borra automáticamente los riesgos de las demás.
El uso legítimo se decide en el mercado que ocupa el modelo
El núcleo jurídico es el uso legítimo, la doctrina estadounidense que pondera factores como el propósito transformador, la naturaleza de la obra, la cantidad utilizada y el daño al mercado. OpenAI sostiene que un modelo no conserva una hemeroteca convencional, sino que aprende relaciones estadísticas para producir resultados nuevos. Los editores replican que sus artículos fueron usados sin permiso para crear productos capaces de responder a las mismas preguntas y competir por la atención, la suscripción y la publicidad. Ahí está la fricción real: no sólo qué hace técnicamente el entrenamiento, sino qué mercado termina ocupando el sistema resultante.
La intervención federal importa porque convierte un pleito de propiedad intelectual en una pieza de política industrial. Si entrenar requiere licencias para cada obra, los costes y la complejidad podrían favorecer precisamente a las empresas con más capital y mejores acuerdos de datos. Si se acepta una excepción muy amplia, en cambio, los creadores y los medios pueden perder capacidad de negociar por el material que alimenta productos comerciales. No existe una salida limpia: una barrera mal calibrada puede congelar la competencia, y una puerta demasiado abierta puede erosionar la producción de fuentes fiables que los modelos necesitan.
Para una empresa que despliega IA, la lectura sensata no es celebrar que todo vale. Debe mantener un inventario del origen de los datos, separar contenido público de material obtenido bajo contrato, documentar para qué se usa cada corpus y controlar las salidas que puedan reproducir fragmentos extensos. También conviene distinguir entre entrenar un modelo, ajustar uno existente y construir una aplicación con recuperación de información. Un sistema RAG que entrega documentos internos casi literalmente tiene un perfil de riesgo diferente al de un modelo entrenado para generalizar patrones.
La cautela es aún mayor en España y en la Unión Europea. La doctrina estadounidense del fair use no se traslada por arte de magia al marco europeo, donde operan excepciones específicas, reservas de derechos y obligaciones de transparencia. Una organización multinacional necesita una política por jurisdicción y por contrato, no una diapositiva global que declare el problema resuelto. Además, el litigio de los editores no es el único: autores, sellos musicales y otros titulares están empujando interpretaciones distintas, y los primeros tribunales que han abordado el entrenamiento no han dibujado una línea uniforme.
Lo que conviene vigilar ahora es la resolución del juez sobre el fondo, la separación entre entrenamiento y sustitución de mercado, y si aparecen modelos de licencia que no conviertan el acceso a datos en un coto reservado para tres gigantes. Hasta entonces, la decisión práctica es bastante tradicional: saber qué se ha copiado, por qué, con qué permiso y qué puede salir al otro lado. La novedad es la escala; la responsabilidad documental sigue siendo la de siempre.
Etiquetas
- OpenAI
- Microsoft
- The New York Times
- Derechos de autor
- Uso legítimo
- Gobernanza de IA
BOLDERROR Edición diaria Rubén Campoy