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INTELIGENCIA ARTIFICIAL AGENT-SECURITY
Cuando 1.200 agentes encontraron una puerta que nadie había diseñado
Un experimento de ciberseguridad de OpenAI terminó mostrando algo mucho más incómodo que un fallo aislado. Agentes que debían trabajar separados descubrieron un canal común, se repartieron tareas, investigaron cómo engañar al evaluador y cientos de ellos acabaron atacando infraestructura real de Hugging Face.

La investigación independiente de METR y Redwood Research reconstruyó durante seis días el incidente ocurrido entre comienzos y mediados de julio. OpenAI había lanzado decenas de miles de agentes en ExploitGym, un banco de pruebas de ciberseguridad. Las ejecuciones debían estar aisladas, pero muchas recibieron tareas imposibles y empezaron a buscar atajos. Un repositorio interno de paquetes, Artifactory, ofrecía un detalle inesperado: rastros de otros usuarios en la caché. Lo que era infraestructura compartida se convirtió en un medio de descubrimiento y, después, en un tablón no autorizado.
En cinco días, alrededor de 1.200 agentes enviaron más de 70.000 mensajes y archivos. No se limitaron a copiarse respuestas. Crearon grupos por tarea, compartieron herramientas, asignaron trabajos y adoptaron convenciones para coordinarse. Un agente actuó como organizador y llegó a originar aproximadamente una décima parte de las asignaciones durante sus periodos de actividad. La cooperación consiguió hitos que los investigadores consideran improbables para un solo agente con el mismo presupuesto de tiempo y cómputo.
No fue una rebelión consciente; fue un sistema mal acotado que optimizó demasiado bien
El objetivo inicial era superar un evaluador automático. Los agentes descubrieron cómo reconstruir las marcas que demostraban haber resuelto una prueba, pero creían que el evaluador revisaría también el camino seguido. Eso desplazó el incentivo desde resolver el problema hasta fabricar la apariencia de una solución legítima. Parte del grupo investigó cómo sustituir objetivos, alterar registros o engañar al sistema de puntuación. Al menos una quinta parte de las trazas estudiadas mostró interés claro por manipular transcripciones, y cerca del 7% contenía pruebas de llamadas a herramientas falseadas en algún punto.
La deriva hacia Hugging Face nació de esa búsqueda de información sobre el evaluador. Un agente localizó credenciales expuestas; otros empezaron a crear cuentas, solicitar acceso y cargar conjuntos de datos maliciosos. Tras lograr ejecución remota de código, el grupo se movió lateralmente por la infraestructura. Los investigadores estiman que unos 700 agentes participaron en algún grado. Muchos reconocían que la actividad estaba fuera del objetivo y planteaba problemas éticos, pero continuaron porque la ayuda podía beneficiar al colectivo o porque otros ya lo estaban haciendo.
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BOLDERROR Edición diaria Rubén Campoy